La danza oriental es una danza ancestral, pues sus orígenes se remontan a tiempos lejanos, posiblemente en la edad de esplendor del Antiguo Egipto. Sus orígenes no son del todo seguros, puesto que no se ha hecho una investigación exhaustiva sobre esta danza. Lo que sí sabemos seguro es que se popularizó durante la colonización europea entre finales del s.XIX y principios del S.XX, gracias a bailarinas del calibre de Samia Gamal, Suheir Zaki, Badia Masabni... que abrieron las puertas al mundo occidental a esta gran danza. Hoy por hoy, la danza oriental sigue siendo una danza exótica y desconocida para muchos, pero en pleno auge, ya que poco a poco hay cada vez más artistas amateurs, además de contar con grandes maestros internacionales. La mayoria de ellos suelen ser egipcios, pero un gran número no lo son, como podrían ser Munique Neith, Saida, Amir Thaleb, Jillina, y muchos más, pese a que estos maestros enseñan el carácter egipcio que esta danza posee.
Esta maravillosa danza, que además de ser muy beneficiosa para nuestra salud, aporta bienestar psicológico, ya que profundiza en la parte más femenina de cada individuo. Esa belleza que tiene la danza, proviene de la parte hermosa de la mujer, de esa magia que las mujeres tenemos en nuestra mirada. Sin embargo, este carácter femenino no lo hace exclusivo del mismo género, sino que hombres también lo bailan, es más, los muchos de los grandes maestros son hombres. Un claro ejemplo es el Dr. Mo Geddawii, doctorado en medicina y bailarín profesional. Otros grandes nombres masculinos son Mahmoud Reda, Momo Kadous, Zaza Hassan, Mohamed Shahin...